ADIOS Z.


ADIOS ZAPATERO,…¡ADIOS!

Zapatero no se va, le echamos todos los españoles, hasta los de su partido. Le ponen en la calle sus ruinosos resultados, sus ridículas políticas, su ademán sectario e iluminado, su revisión absurda y grotesca de la historia y de la democracia
Además, le ponen en la calle su delirante gestión de la crisis económica: eso es lo que le obliga a irse, por mucho que trate de disfrazar esa expulsión de la política como una dimisión voluntaria, como un sacrificio en aras de la felicidad de los españoles y del buen futuro de su partido.
Pretendió gobernar como si las palabras fueran suficientes, con una soberbia intelectual y moral absolutamente inmotivada porque, la verdad, de su boca no ha salido otra cosa que vaciedades presuntuosas, que necedades huecas. Se dedicó a dividir a los españoles, a modificar insensata y traicioneramente la Constitución, a tratar de convertir a asesinos confesos en concejales, y a presentar a políticos decentes como enemigos del pueblo, de la libertad y de la paz. Su idea de la democracia la aplicó también a su partido al que ha vaciado casi completamente de contenido: ha sido vergonzoso ver cómo viejos socialistas con un mínimo de consecuencia se han plegado a los dictados caprichosos de un líder tan imprevisible.
Para cualquier español ha de resultar desolador echar la vista atrás en estos momentos. Cuando hace siete años Zapatero llegó por accidente al poder, el país había alcanzado el superávit presupuestario por primera vez en su historia, el pleno empleo se encontraba a la vuelta de la esquina y el resto de Europa nos consideraban como una Nación dispuesta a reclamar el lugar que le correspondía dentro del mundo.
Esta envidiable situación, lograda partiendo del erial nacional que habíamos heredado del felipismo socialista, se logró con austeridad presupuestaria y progresiva liberalización de la economía, principios que atentaban contra el dogmatismo ideológico de Zapatero y que desde el primer momento se dispuso a abandonar, así que no dudó en acrecentar el despilfarro público a unos ritmos superiores al 10% anual, sus intervenciones en la economía fueron continuadas, tanto para interferir en la vida interna de las empresas –ahí está el famoso caso de Endesa– como para alinearse con los sindicatos y bloquear dolosamente cualquier nimia reforma laboral o para cerrar las nucleares y promover con subvenciones las carísimas energías renovables.
En 2008, pues, era el momento de reconocer el fracaso de cuatro años de desgobierno. Pero Zapatero prefirió durante ese ejercicio engañarnos negando la crisis y durante el siguiente engañarse a sí mismo proclamando que existía una vía socialista para salir de la depresión. Entre sus mentiras y desatinos, nos dejamos varios millones de parados y centenares de miles de millones de euros en forma de deuda pública. Desastre de colosales magnitudes que sólo la presión de los mercados y de la sensatez germana de Merkel han impedido que siguiera acrecentándose hasta conducirnos a una suspensión de pagos.

Su discurso en el PSOE demuestra que ni siquiera él cree ya en que exista ninguna oportunidad de remontada. Por eso anuncia su retirada (sabedor de que lo hemos echado), porque está convencido de que no hay nada que hacer, de que ha llevado a su partido al desastre, consecuencia lógica de haber conseguido empeorarlo todo: la situación económica, el desempleo, el equilibrio territorial, la estabilidad constitucional, la política exterior en la que ha sido un motivo continuo de mofa en el mundo, atónitos ante un personaje fuera de lugar. Se va tras haber prolongado artificialmente la decadencia de ETA, apadrinando una negociación en la que ofrecía esperanzas que bordean la alta traición, enfangando al Tribunal Constitucional, tras ahondar nuestra dependencia energética, tras pagar cobardemente por rescatar a nuestros barcos de las garras de piratas de tres al cuarto, tras encabezar ridícula alianza de civilizaciones que culmina con la intervención de nuestros Ejércitos en la vecina Libia, sin que nadie sepa explicarnos para qué demonios estamos allí. En fin todo un acontecimiento planetario, como lo calificaría su más atrevida (por ignorante) y protegida ministra.
Nos deja un buen reguero de cadáveres políticos a sus espaldas. Nadie sabe lo que dará de sí la jaula de grillos en la que se va a convertir el PSOE, tan falto de razones como sobrado de ambiciones. No debería esperar la menor simpatía con su fingido gesto de desprendimiento, ni que el futuro le reivindique, porque España no puede permitirse otro presidente que haga bueno a esta pesadilla que ha pretendido seguir asta el final en La Moncloa.

ADIOS ZALATERO,...¡ADIOS!

Fdo.: Marino de la Torre López.